Apología de Sócrates de Adolfo Cárdenas

Quizás la mejor forma de rendirle duelo a un autor es leerlo; mejor aún, leerlo con detenimiento, que es precisamente lo que hace el escritor Christian Jiménez Kanahuaty en esta reseña de la novela póstuma de Adolfo Cárdenas: Apología de Sócrates.
Editado por : Juan Pablo Gutiérrez

Siendo esta una novela póstuma hay que valorarla de dos maneras. Como conclusión de un trabajo sobre la ficción que arriba hacia la reconstrucción histórica y, por el otro lado, como la continuación de una exploración sobre el registro verbal de los andes en su faceta escrita. Apología de Sócrates engaña desde el título y es este también otro de los rasgos de la escritura de Cárdenas: la distorsión de la realidad a través de la ironía y el juego. Claro que no se trata del filósofo Sócrates, aunque el personaje de la novela que recibe este nombre tiene algo del personaje histórico.

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"Así siempre era Socratitos, correteando por todos lados, que a la otra rivera del lago, que a otras comunidades, entrando al Chuquiago disfrazado de comerciante, haciendo que recién nos llegábamos de la pampa con nuestro bultito de truchas que lo vendíamos como filete de vaca argentina". / Fotografía: Archivo.

A pesar de ello, la novela no se queda ahí. Su tema es una reconstrucción de la masacre de Ayo Ayo y los procesos de Mohosa. El arribo de Zarate Willka y las figuras ensombrecidas que planean por la novela de Pando y Saavedra. Se podría considerar esta como una novela etnográfica, en el sentido que reconstruye la historia desde dentro y desde abajo. Desde dentro porque narra la vida cotidiana de los involucrados. Desde abajo porque sus personajes no son los líderes, sino los comunarios, la gente que necesariamente pasa inadvertida para la historia y que, a pesar de sus esfuerzos, los estudios poscoloniales todavía no saben cómo registrar, dar vida y demostrar sus derivas dentro de la historia de aquello que por facilidad se puede llamar Estado de Bolivia (dado que los hechos narrados suceden mucho antes de 2005).

Pero no es la primera vez que Cárdenas realiza este ejercicio. Hace ya algunos años, y bajo el sello de la editorial Gente Común, se editó y publicó El caso del Pérez de Holguín (2011), cuya trama se centra en una búsqueda policial, con tintes de realismo sucio y de exploración histórica sobre uno de los cuadros del pintor Pérez de Holguín. En esa vena narrativa, Apología de Sócrates manifiesta el interés de su autor por la historia del país. Pero no para enaltecerla, sino para demostrar que, como ya el PNUD demostró hace algunos años, este Estado tiene huecos y su construcción se basa más en el trabajo de los “subalternos” que en la razón de las instituciones.

Quien quiera entregarse a la reconstrucción de la historia bien puede buscar los libros especializados o la nunca bien ponderada Historia de Bolivia de los Arguedas, Finot, Mesa, Molina, Vargas, etc., o puede más bien interesarse por lo que la historia no cuenta y enterarse por otras voces (después de todo esta también es una novela coral) de lo que sucede antes y después del levantamiento de Peñas y cómo es que el sentido de la carne teje tanto el canibalismo como la rebelión. Así, lo que tenemos como lectores es una apuesta de escritura que confirma que su autor ya no es solo un escritor, sino que en sí mismo, libro a libro, se convirtió en toda una literatura.

Y ese logro no es poco cuando se trata de un escritor que, además de establecer el texto literario como un artefacto, por el cual aparecen el humor y la parodia con la intención de resignificar los hechos, se desmarca de la solemnidad y la seriedad con la que suelen ser tratadas en literatura temas como la muerte, la historia o la pobreza. Cárdenas agrega distorsión sobre la realidad a través de la mirada que desarrolla de lo grotesco como estética verbal y referencial. Cárdenas con esta novela nos ayuda a entender un pasaje todavía oscuro de la historia de Bolivia y lo hace dibujando un paisaje andino que precede al que construye en sus demás libros. Incluso se podría pensar una investigación que trabaje justamente la relación de Cárdenas con el paisaje y cómo este va cambiando, y enriqueciéndose de libro a libro con cada una de las historias que se combinan y complementan. En tanto libro póstumo, sin embargo, cabe la posibilidad de pensar en que la historia podría haberse engordado más y más en futuras correcciones, pero aquella idea solo corresponde al terreno de la especulación. Y tal vez es detonada porque la misma narrativa de Cárdenas es especulativa en cuanto a los materiales que organiza para dar forma a un sentido único de la realidad.

Si Cárdenas hubiera escrito solamente este libro, ya tendría un lugar de privilegio totalmente asegurado en la historia de la literatura del país, y esto se puede asegurar tanto para llamar la atención sobre el libro, que es necesario leer, como por el modo en que el libro está compuesto y en el cual la limpieza en la escritura y el ritmo con el cual están divididas cada una de las secciones, hace que el lector proclame el placer del texto tras su lectura.

Y este factor también es debido a la dedicación que tanto la editorial como la editora (Daniela Murillo) como su heredera (Sonia Amusquívar) han puesto sobre el texto para convertirlo en una novela legible, y que abre nuevos caminos para leer hacia atrás toda la obra de Cárdenas. Resignificando su proyecto narrativo y proponiendo nuevas rutas analíticas para pensar su programa narrativo. Y sí, este libro es importante.

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