La riqueza del libro

¿Cuántos de nosotros no nos hemos detenido alguna vez a apreciar el buen armado, calidad, edición, diseño y arte de un libro, más allá de su contenido? Aquel producto que, antes de llegar a las manos del lector, ha pasado por todos los procesos necesarios. En esta ocasión, Humberto Pinto nos acerca al libro como objeto artístico, a través de su historia y ahonda en el proceso editorial.

Cada cierto tiempo examino el arte del libro: veo sus cualidades, el tipo de hoja e inclusive la encuadernación que contiene cada representación física. Es por ello que el análisis que realizo a continuación es sobre el libro en cuestión y su valoración en estos tiempos.  Abordaré los siguientes puntos: Algunos datos históricos, procesos editoriales y algunas apreciaciones personales. Ahora bien, existen muchos campos a los que podría referirme para entender cuál es el valor del libro, sin embargo, para definir su riqueza, me enfocaré por ahora solo en estos tres.

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Para que un manuscrito pase a ser libro se requiere de varios ojos atentos y manos especializadas. Muchas veces olvidamos que, además de autor y lector, hay otras personas involucradas en la hechura de los libros, como director o directora, editores, correctores, ilustradores, diagramadores, distribuidores y muchos más. /Fotografía: Archivo Pixabay.

I. Algunos datos históricos

El arte del libro se remonta a la edad media, donde los monjes copistas se encargaban de replicar libros a los que solo la clase privilegiada podía tener acceso, esto se debía al largo proceso de elaboración del manuscrito y al valor que cobraban estas piezas. Por aquellos años, el libro representaba cierto nivel socioeconómico, es decir, de estatus elevado, pero esto cambió para el siglo XV: Tras varios años de investigación, Gutenberg revolucionó la historia del libro tal y como la conocemos hasta hoy.

La llegada de la imprenta y los tipos móviles en el año mil cuatrocientos cincuenta cambió por completo el valor del libro. Los tipos móviles son piezas de plomo que contienen diferentes caracteres o letras que, al ser juntadas en una plancha, forman un “diseño”, este mismo, al ser impregnado en tinta, queda listo para ser introducido en la prensa y calcar el contenido en la hoja. Los libros, bajo este sistema, se volvieron accesibles para una gran cantidad de personas por aquellos años, puesto que se podían conseguir a menor costo. 

La biblia fue el primer libro que se imprimió en el taller de Gutenberg y, desde ese momento, el libro se diversificó por toda Europa y luego a través de todo el mundo. Por su parte, hoy en día se utilizan varias técnicas para imprimir libros, tales como la impresión offset y digital (ambas mantienen la misma dinámica que empleó Gutenberg con la invención de la imprenta).

La revolución Gutenberg cambió un esquema que se venía implementando hace años, con esto me refiero a las copias hechas a mano o los libros incunables que fueron ejecutados por los monjes copistas. Así, los libros que tenemos en casa o que están en cualquier parte del globo son consecuencia de esta invención, que repercute hasta el día de hoy.

Con los años, el libro ha sufrido transformaciones, tanto en su estructura interna como externa. Cuando hablo de la forma interna, me refiero a las tipografías y los espaciados que se empleaban en la década pasada; estos elementos no traían mucho cuidado, pues se consideraba el contenido antes que el diseño y no a la inversa. Desde luego, también se puede ver que no solía existir una elaboración detallada de la estructura externa, en este caso, de portada, lomo y contraportada, al menos no de la manera en que la conocemos este tiempo.

II. Procesos editoriales

Los procesos editoriales son tomados con la mayor rigurosidad porque cualquier detalle puede ser un factor decisivo a la hora de valorar un libro. Es por eso que las casas editoras mantienen un plantel conformado por gente especializada, en donde se encuentran directores, editores, correctores, diseñadores de interior y diseñador de portadas. También se suele contar con lectores “beta”, quienes son los responsables de leer el manuscrito cuando llega a la editorial. Los actores mencionados son de total importancia para trabajar cada libro, el cual atraviesa un camino de ires y venires entre el autor y las diferentes secciones de la industria. Y no solo se queda ahí, sino que, por detrás, viene la logística y el marketing de por medio.

Es necesario señalar que desde Gutenberg hasta hoy han pasado varios siglos y el proceso evolutivo del libro ha tenido cambios significativos. En los siglos pasados, por ejemplo, la imprenta entregaba, al lector, el libro sin ningún tipo de encuadernación, y las personas eran las encargadas de realizar este proceso con el objetivo de cuidar su ejemplar. Este era el único valor que se le entregaba a la cubierta, el de cubrir o proteger el libro. La cubierta en nuestros tiempos pasó a no solo cuidar el contenido, sino también darle un sentido visual a través de la forma artística.

Como mencioné antes, dentro de una casa editorial son varios los actores que intervienen en la publicación de un solo libro, lo que le da un sentido único y de valor incalculable. Comenzaré a mencionar a algunos de ellos por orden de aparición:

El director editorial se encarga de gestionar las diferentes áreas de la industria, es quien mueve y verifica que cada proceso vaya en el orden y tiempo determinado, además que gestiona las presentaciones y lanzamientos de los libros. Cada intervención que se realice dentro de la editorial corre por cuenta del director.

El editor es quien trabaja el manuscrito con el autor y revisa cuestiones de fondo, verifica datos y corrobora información. Es de suma importancia que el libro contenga todas las verificaciones y correcciones del editor, porque es quien le da una forma óptima al texto final.

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“La revolución Gutenberg cambió un esquema que se venía implementando hace años (…), los libros que tenemos en casa o que están en cualquier parte del globo son consecuencia de esta invención”. /Fotografía: Archivo Pixabay.

Por otro lado, tenemos a los correctores de estilo, quienes son los encargados de que el libro minimice toda la cantidad de errores ortotipográficos que presenta el manuscrito. Con los errores ortotipográficos me refiero a la corrección gramatical y de sintaxis, además de corregir todos los signos que contiene el texto, desde puntuación hasta las rayas de diálogos.

El diagramador es el encargado de convertir el manuscrito a una representación digital del libro que está a punto de entrar a imprenta. También es quien diseña el interior del libro para que llegue a uno de los últimos destinos, la impresión.

Por último, tenemos al diseñador de portada. Él es un personaje fundamental en el armado de un libro, ya que es quien tiene la facultad de realizar una representación gráfica del mensaje que se desea transmitir a través del mismo. Una buena portada es capaz de encontrar lectores de manera eficaz.

En este apartado me centré en los actores o individuos que trabajan codo a codo con el autor, pero evidentemente en este recuento de actores editoriales faltan muchos por mencionar, por ejemplo, los encargados de distribución; sin ellos no sería posible que el libro llegue a las personas. También faltan los miembros de marketing, prologuistas, reseñadores y demás. La lista es larga, sin embargo, son todos responsables de que hoy se tengan libros en casa. 

El proceso editorial es un largo viaje que muchas veces conlleva tiempo, pero es un camino enriquecedor tanto para el autor como para los actores de la industria. La palabra ‘enriquecedor’ no solamente se encuentra en el proceso que describí antes, sino que abarca un sinfín de emociones, desde que se entrega el manuscrito a la editorial hasta que llega a las manos del lector.

III. Algunas apreciaciones personales

Mientras reviso algunos libros, veo su evolución; me doy cuenta de que las tipografías que emplean los nuevos impresos son más legibles que antes y con un espaciado que deja descansar al ojo humano. Hoy se valora la función del diseñador en la industria editorial, dado que un libro bien diagramado se lee con mayor facilidad. Por otro lado, la cubierta es un factor decisivo a la hora de adquirir este objeto, una portada llamativa que contenga mensajes misteriosos, por ejemplo, te abre la cabeza con la interrogante de qué pasará en la historia. Hoy el libro no solo representa contenido, sino que pasó a convertirse en una pieza artística codiciada por muchos lectores y no lectores.

Hace algunos años, a inicios de la década del dos mil diez, se presentaba una nueva forma de leer libros; el libro digital tomaba fuerza y pretendía, de alguna forma, remplazar al libro físico. Soy total partidario de que eso sería un grave error, pues el libro, aparte de poseer un contenido rico en letras y mensajes, también es un objeto físico coleccionable y apreciable. El contenido digital no debe desplazar a los libros en su forma palpable, pues es el olor, el encanto de subrayar y de verlo envejecer juega un papel fundamental en nuestras vidas. Lo digital solo debería ser un complemento a la accesibilidad de este mismo, pero no un remplazo.

Con la llegada del COVID-19 se estancaron las ventas de los libros, y esto puede ser por un problema multifactorial; por un lado, puede ser el factor económico; por otro, el alcance de este objeto a través de plataformas digitales. Lo cierto es que el interés que se le ha destinado en estos últimos años al libro ha reducido de manera sustancial. Queda preguntarnos los datos y las razones reales de la disminución de ventas, pero ese tema conlleva un estudio prolongado. Ahora bien, ya entrando a las conclusiones, lo cierto es que el libro, además de ser un objeto de conocimiento, es un producto artístico y con riqueza editorial.

El cambio es inevitable, porque vivimos en una sociedad inmersa a este tipo de vida: cambiante. Cada día vemos nuevos artefactos que nos simplifican la existencia, sin embargo, también quedan algunas costumbres valiosas, y una de ellas es el libro como objeto artístico. Así, tras ver y repasar la evolución del libro y conocer una perspectiva de los procesos editoriales donde interviene todo un grupo editorial, confirmo que cada impreso, cada ejemplar, es una pieza única y totalmente diferente al resto. Ahí reside su valor, desde Gutenberg hasta nuestros tiempos, cada libro tiene su razón de ser.

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