Entrevista a Adolfo Cárdenas

Volvemos al 2004, cuando salía el primer número de la revista literaria La Lagartija Emplumada con esta entrevista que Sarah Mendieta, Juan Barba, Boris Paredez y Willy Camacho le hicieron a Adolfo Cárdenas acerca su vida como escritor.

Cucas:
Don Adolfo, de entrada, ¿por qué siempre escribe sobre La Paz? Y si escribiera sobre cambas, ¿no ganarías más? ¿No que la variedad es nuestra?

Adolfo:
La verdad es que La Paz es lo que más conozco, escribir sobre cambas, probablemente es, más o menos, como pretender escribir sobre lamas tibetanos; son psicologías, idiosincrasias que no conozco muy bien.

Julián:
¿Cuándo fue la primera vez que sedujiste a la musa, o fue la musa quien te sedujo?

Adolfo:
En realidad, creo que ha debido ser la musa la que me ha seducido.  Mi ingreso, mi acto inicial en la literatura, es a partir de la lectura de un pésimo texto que leí, de una chica con la que salía, y he dicho: ¡pero si yo puedo hacer mejor!

Erasmo:
¿Por qué fingir ser varias voces, si, al final, la única voz es siempre la del narrador?

Adolfo:
Creo que un individuo, una sola persona, en este caso, es una polifonía. No es solamente una voz la que dirige el comportamiento del individuo común; no es una forma de ser preestablecida, sino, de acuerdo a una serie de variables, ese comportamiento puede variar, de ahí que la polifonía se puede justificar de alguna manera en literatura.

Bartolina:
¿Por qué en tus textos no hay mujeres en roles relevantes?

Adolfo:
Parece que estoy un poco contagiado de eso de “lo políticamente correcto”. No es cierto. Tengo límites cuando tengo que hablar de una mujer.  En la novela, en todo caso, he intentado penetrar un poco en la psicología femenina, en el sentir de la contraparte, y bueno, si lo he logrado o no, eso seguramente lo van a decir los lectores.

Bartolina:
En Periférica Boulevard, la mujer figura en el papel de la sufrida, la que siempre está tras de ese amor imposible, en la soledad total, o sea, sigue sin asumir un papel protagónico, con un carácter más fuertemente dramático. Hablo de la teniente Tejerina, específicamente.

Adolfo:
La verdad es que, hablando de esta novela, no me parece que la presencia de la sargento Tejerían sea una presencia relevante.  En todo caso, yo me lanzaría por el caso de la señora que he bautizado como Mbandaka, que vendría a representar un ideal de mujer contemporánea.

Bartolina:
Bueno, pero en otros textos tuyos, por ejemplo en “Hoy fricase hoy”, la mujer, si bien tiene protagonismo, es una mujer despechada y, de remate, asesina.

Adolfo:
El cuento está apoyado en una historia real que me contó Loyola Guzmán: la señora, precisamente, que había liquidado a su marido y lo había cocinado posteriormente.  Obviamente, no he querido alejarme de la idiosincrasia relatada por Loyola; pero, en todo caso, me parece que en este cuento habría, digamos, un ligero atisbo de rebeldía: despechada, por ende, vengativa.

Erasmo:
Me parece que tras tus cuentos hay una idea del amor occidental, esa que proviene de los poetas provenzales, el despecho, el crimen, etc. ¿Tú crees que existe una idea distinta de amor, un amor andino, por ejemplo?

Adolfo:
El amor siempre me ha parecido de proyecciones universales, es decir que, si bien pueden haber variantes formales en la forma de administrar o de requerir de ese sentimiento, en todo caso, en la parte de fondo, viene a ser más o menos lo mismo, es decir, la relación más o menos democrática que tendría que existir entre un hombre y una mujer.

Bartolina:
En tu obra le das bastante prioridad al humor. ¿No crees que tanta dosis de humor desplace, minimice, la problemática social, en este caso de La Paz, que es bastante fregada?

Adolfo:
El asunto es que nuestros problemas, a estas alturas del partido, no creo que los vayamos a arreglar de ninguna  manera, y esta forma de tratamiento tendría que ver con las percepciones que yo tengo con  respecto a la realidad total de este espacio que nos ha tocado vivir.  Tenemos que reconocer que somos tercer mundistas, en ese sentido, totalmente dominados por discursos impositivos, y, así, lo único que nos queda, en este caso, es satirizar esas imposiciones.  Eso lo hago a través de eso que se puede llamar, digamos, sentido del humor.

Cucas:
Tiene unos cuentos divertidísimos, pero, ¿por qué escribe otros tan difíciles? Sólo los entiendo si doña Bartolina me los traduce.

Adolfo:
Te refieres, específicamente, a..

Cucas:
El cuento de la Damiana, por ejemplo.

Adolfo:
No me parece que “Damiana” sea un cuento difícil; es la aplicación de un mito, que es, en todo caso, me parece, hasta cierto punto universal. Acá el cambio es simplemente formal, pero los objetos físicos, que se manejan en ese cambio, son de hechura estrictamente occidental.  Hay un peine, hay un espejo, y es solamente el tratamiento que se le da a esos objetos lo que lo convierte en un relato de naturaleza andina.

Erasmo:
¿Y “Metrología IV”?, cuando la experimentación con el lenguaje llega a ser un secreto codificado...

Adolfo:
La verdad es que en ese cuento, específicamente, el ayudarse un poco en la lectura con diccionarios de coba, más o menos, como que terminaría de redondear un poco el cuento. Además, no es una terminología lo suficientemente críptica como para que sea realmente inteligible. Uno de los objetos, al plantear este tipo de cuentos, es tratar de que el relato en sí tenga la capacidad para traducir ciertas formas, aparentemente inteligibles, solamente a partir del avance en la lectura del texto.  Ahora, si no he logrado ese efecto, es una cosa que voy a tener que revisar.

Julián:
A propósito de esto, corre el rumor de que no se te dio el premio de novela porque los jurados consideraron que tu novela no era estrictamente autónoma en el ámbito del lenguaje, es decir, uno necesita ser paceño para poder entenderla. La novela no la podría entender un camba, mucho menos alguien del exterior.

Adolfo:
La verdad es que el texto este, Periférica boulevard, es una novela que tiene como entorno la ciudad de La Paz.  La pretensión de que la entienda alguien ajeno a la ciudad, por lo menos en mí, no existe, está dedicada exclusivamente a un lector paceño.

Cucas:
Pero, usted dice que está dirigida a un lector paceño... yo soy paceño y no entiendo nada.

Erasmo:
Tal vez este lenguaje marginal, lo llamemos así a priori, está dirigido a un lector marginal que sí lo va a entender.  ¿Tú crees que un lector marginal va a leer la obra?

Adolfo:
La verdad es que eso no se me ha pasado por la cabeza jamás; además, un lector marginal tiene, normalmente, otro tipo de lectura, tiene un formato de compresión oral; es decir, cuando el artista de teatro popular parodia a un andino, deformando, digamos, el lenguaje, al modo que tienen los andinos de deformar el lenguaje, es perfectamente comprensible para este habitante marginal que tu estás hablando, porque es un acto de comunicación fundamentalmente oral.  La pretensión de presentar un texto escrito de esta manera, a un supuesto lector marginal, es algo casi imposible.  Ese texto está dedicado a los lectores de academia, y es un desafío que se trate de descifrar ese texto.

Bartolina:
Entonces, tú escribes sobre la marginal, con un lenguaje marginal, pero no para los marginales.

Adolfo:
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La verdad es que quienes escriben sobre la marginalidad, no creo que escriban precisamente para los marginales.  El hecho de ser marginal implica no estar, de ninguna manera, inscrito en ciertos rangos de consumo cultural.

Cucas:
¿Usted es un escritor marginal?

Adolfo:
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De ninguna manera, soy un escritor no más

Cucas:
¿Gana nomás con esto, es decir, para vivir bien?

Adolfo:
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La verdad es que nadie gana solamente escribiendo. ¿Por qué crees que me dedico a la docencia y a un montón de cosas?

Cucas:
¿Y si se consigue un manager? Así sus libros se venderían más.

Adolfo:
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La verdad es que detrás de todo esto hay una posición política.  Yo jamás utilizaría los servicios de un manager, en el término que se conoce dentro de la cultura occidental.  Nuestro medio, de alguna manera, no ha llegado a ese tipo de estatus, donde hay una masa de gente que está acostumbrada a leer determinado tipo de literatura y que el escritor tiene que escribir en forma de recetario.  No pues, nuestras acciones, probablemente, son más ingenuas y, en ese sentido, un poquito más libertarias.

Julián:
Vuelvo a la pregunta que ya te había hecho Bartolina. En tus textos, el humor, de alguna manera, está disfrazando los problemas sociales. Hay, específicamente en el Ch'ojcho, un problema latente que ha estado presente siempre: el racismo, la discriminación. Parece que, a consecuencia del humor, se difuminara esa problemática social. En todo caso, más bien, me parece que hay una fuerte denuncia en muchos de tus textos, pero las matizas con humor para que no queden como panfletos. ¿Es así?

Adolfo:
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A momentos, sí. Tú sabes que la escritura de una novela es una especie de escritura abierta que, a momentos, está muy condicionada a ciertos fenómenos externos. En el cuento no es tanto así, el cuento es un poco más cerrado, es un universo un poco más independiente, donde, probablemente, el tratamiento de ese tipo de fenómenos es más o menos tangencial. Sin embargo, en la novela, evidentemente hay una pretensión, no precisamente de denuncia, sino de confesión, de ideología, a momentos política y a momentos estética. En última instancia pretendo que, sobre todo, la novela estaría manejando una confrontación estética.

Erasmo:
Dice Guillermo Mariaca que la narrativa nacional siempre ha copiado, y mal, los modelos de la narrativa latinoamericana, y que no ha podido aprovechar, no ha sabido aprovechar las ventajas que supone la convivencia en una diversidad. ¿Tú has podido, en tus textos, de alguna manera, valerte de esa diversidad para formar un criterio estético?

Adolfo:
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Bueno, la verdad es que no sé si Mariaca tiene alguna idea respecto al barroco americano, pero esa posibilidad de encerrar -quiero entrecomillar esto de encerrar- una multiplicidad de información, para luego tratar de traducirla en un texto, es un acto que, de pronto, nos define como proposición estética. Siempre he sido un convencido de que el acto liberatorio que podríamos tener frente a las influencias que vienen de afuera, que vienen de adentro, no sé, es esta asunción como proposición estética del barroco americano. No sé, creo que no he respondido muy bien la cosa ¿no es cierto?

Willy:
​​​​​​​Estás diciendo que ese criterio estético sale, parte de ese barroco americano por esa posibilidad de la fusión de elementos diversos?

Adolfo:
​​​​​​​
Sí, pero claro, también al mismo tiempo impongo que el barroco necesariamente tiene que tener ciertos límites o, por el contrario, los tentáculos del barroco serán tan largos que pueden abrazar absolutamente todo y seguro todavía en esa categoría estética. Esa es la pregunta que me hago yo.

Willy:
¿La Paz es barroca o es chicha? (risas)

Adolfo:
​​​​​​​
Lo chicha, para mí, es apenas una de las categorías del barroco, entonces, al ser La Paz barroca, en algunos de sus estratos tiene que ser necesariamente chicha pero no al revés.

Willy:
Hace poco en un canal de televisión hicieron una encuesta en diversos departamentos y preguntaban cual es la característica del cruceño, del cochabambino, del tarijeño... ¿cuál es del cruceño? Decían: la cordialidad, el buen humor, el derroche; en Cochabamba: la amistad, la sonrisa franca; en Tarija: el humor, la picardía. Cuando hicieron la pregunta aquí en La Paz, de 54 personas, ninguna supo responder cuál es la característica del paceño ¿es indefinible el paceño o la paceñidad, la constitución de paceñidad?

Adolfo:
​​​​​​​
Yo creo que sí, como tú mismo has dicho, la ciudad nuestra es tan abigarrada, tan pluri que necesariamente tienes que hablar, para sobrevivir en La Paz, unos tres o cuatro metalenguajes, si quieres llamarlos, para poder entenderte con el prójimo, con el entorno, esto hace que el paceño sea totalmente cambiante en sus amores, en sus percepciones y en una serie de propuestas emocionales, lo que de alguna manera también lo diseñaría también como una presencia individual pero barroca, entonces probablemente, si tú me hicieras la misma pregunta, diría que la característica de la paceñidad es el barroquismo.

In:
En definitiva, ¿al ponerte a escribir lo que pretendes es rescatar, exaltar esa diversidad o reirte de esa mescolanza?

Adolfo:
​​​​​​​
Volveríamos al tema del barroco creo yo para responder esta pregunta. En términos plásticos, el barroco vendría a ser el desafío que tiene el artista para llenar absolutamente todo vacío posible Eh, ¿cómo era la pregunta? (risas)

In:
Que si esta diversidad la tomabas como algo para exaltar en lo que escribes o para burlarte

Adolfo:
​​​​​​​
Ah. Ahora, en el tramo del llenado de esos vacíos, te tienes que apoyar necesariamente en absolutamente toda la información que tú tengas, esta información puede ser práctica, puede ser dramática, puede ser melodramática, puede ser irónica y de alguna manera eso es lo que yo trato de hacer, de llenar todo vacío posible y al mismo tiempo ironizar esa forma de ser, esa forma del ser barroco que tiene una profunda enemistad, un profundo divorcio con el silencio.

Willy:
Dice García Canclini que la ciudades no son sólo las visibles, las que habitamos y recorremos a pie o en micro sino también está la ciudad invisible, aquella que se forja en la imaginación personal y también en el imaginario colectivo y este imaginario es armado precisamente por los medios de comunicación, la literatura, la música, la pintura, etc, un montón de expresiones. En La Paz, específicamente, ¿cuál sería esta ciudad invisible?

Adolfo:
​​​​​​​
Probablemente es toda esa circunferencia de corte mágico que tiene la ciudad y que nos sumerje en una especie de crisis existencial, es decir, bueno, en términos de comportamiento ¿qué hago? ¿soy occidental o soy andino, soy mágico o soy racional? Yo creo que la parte fantasmagórica de esta ciudad está dada por ese criterio de crisis existencial de absolutamente todos y cada uno de los paceños.

S:
Mi pregunta va un poco hacia la música en tus novelas, creo que encuentro múltiples cosas musicales, la primera es más a un nivel temático por los personajes o ... y el otro es a nivel escrito, que uno tiene que descifrar lo que se está escribiendo, que es una melodía, al final de cuentas, y mi pregunta es si ¿crees que recreas o intentas recrear ese imaginario musical paceño y en qué medida?

Adolfo:
​​​​​​​
Bueno, yo creo que el intento de musicalización lo tenemos absolutamente todos, el texto escrito de alguna manera podría ser también una forma de musicalidad ¿no es cierto? Me estoy refiriendo, en este caso, a los tramos mayores de textualización, vale decir, en este acaso, la poesía, pero pretender imponer una diferenciación radical entre lo que es poesía y narrativa, para mí no existe, y si la poesía se funde con la música, entonces en algún momento, la narrativa también tendría que tender a lo mismo.

S:
Pero ¿pensando en ese imaginario paceño, más paceño específicamente?

Adolfo:
​​​​​​​
Creo que si se pudiera leer adecuadamente lo que yo estaba haciendo, probablemente podríamos tener una idea de lo que es el ser musical en el paceño, y lo que se me ocurre ahorita es la transgresión y la transgresión necesariamente está unida al plagio, en ese sentido, me apoyo en elementos plagiados para construir cierta musicalidad al interior del texto..

I:
Como un collage..

Adolfo:
​​​​​​​
Más o menos, pero claro, para terminar de definir esto que tú me estas preguntando, para terminar de responderte tendría que hacerlo de manera cantada y me niego rotundamente a cantar (risas)

Willy:
Pero esto de que se niegue Adolfo a cantar no tendrá que ver con una característica del habitante andino o de las alturas, parece que esto de las alturas es a nivel mundial, en Los Alpes suizos parece que la gente es igual así de callada, tímida, retraída, parece ser que la timidez es uno de los rasgos de los habitantes andinos, ahora hablemos específicamente. Y tal vez por eso sea que acuden a las paredes con brochas o aerosoles para expresar su bronca, su reclamo o tal vez el chistecito o lo que sea, cosa que no se animan a decir en público ¿no? Finalmente, la letra de una canción, tal vez tú estás graficando la letra de canción que no te acuerdas o que no quieres cantarla aquí y vas y la grafiteas. Entonces, voy a eso, ¿alguna vez has ejercido el graffiti o sólo lo utilizas de adorno en tus cuentos?

Adolfo:
​​​​​​​
Bueno, lo que se llama grafitero, tendríamos que partir por definir qué diablos es el graffiti ¿no es cierto?

Graffiti viene de grafito, grafito es el material del que está hecho la mina del lapiz, entonces, si estamos hablando en esos términos, sí pues, podría considerarme un grafitero porque he escrito diez mil veces en los baños de los boliches de La Paz

Willy:
En el Ave Sol..

Adolfo:
​​​​​​​
Ave Sol, Boca y sapo y en otros boliches todavía de menor categoría.

BW:
Habrá entonces, esto, en, ene los paceños, utilizar las paredes como un medio de expresión y de debate? Porque esto de los boliches paceños con los baños pintarrajeados no es solo, bueno, hay alguna huarangadas, hay también cosas interesantes, pero a veces surgen cositas de debate, yo me acuerdo que en el “avesol” una vez aparecía, una semana apareció: “Vivan los malos poetas, gracias a ellos seguimos escribiendo”. A la semana siguiente alguien le respondió debajo: “los malos poetas no existen, poetas los hay o no”. Y no sé cómo continúa el asunto, o tal vez ya o me acuerdo, pero el asunto es: ¿será que el paceño utiliza la pared como medio de comunicación, de diálogo con ele otro?

Adolfo:
​​​​​​​
Yo creo que sí, no vamos a hablar de grandes paredes, digamos, porque las grandes paredes, desgraciadamente están totalmente contagiadas de lo que es el grafitti al modo norteamericano, no es cierto?, es decir, una proposición de muralismo popular, que tiene mucho de arte plástico, no es cierto?, al que tú te refieres, sí me parece que evidentemente en, no solamente en le paceño, en absolutamente todos los baños del mundo, si vale el término, hay este tipo de cosas, no es cierto?, este tipo de confesiones, personales y anónimas, pero que sin embargo dan al autor la posibilidad de sentirse libre por un instante, de sentirse él mismo.

BW:
Caemos en algo, pero entonces: no habría algo que distinga a este graffiti paceño de los graffitis, cualquiera del mundo?

Adolfo:
​​​​​​​
Yo creo que sí, hay algo que lo distingue y  que es la, la imposición política, la imposición sociopolítica. Es decir, por lo menos un 70% de la mensajería que hay en los baños, en, no se me ocurre otro espacio, normalmente son lo baños, es de corte estrictamente político. Esto me imagino que se debe a que, a que nosotros ya, ya que hayamos vivido en democracia o ya que hayamos vivido en dictadura, eh, siempre estamos signados por una verticalidad política, pero impresionante.  Eso hace que la mensajería de la gente que está en este tipo de actividad lo haga de manera secreta y anónima.

IE:
Ya, perdón si rompo el idilio paceño, digamos, pero, está bien, digamos, no?, pero, la verdad es que esto de la magia de La Paz, digamos, yo rara vez la he sentido, la otra vez comentaba, que lo más mágico ha sido estafarme cada vez que han podido: los taxistas, los, los cambistas. Y entonces, voy por ese lado, que también es cierto que en esto barroco no todo es festivo, no? Habrán cosas trágicas o, realmente, no sé, como el silencio, tendrá su lado, poco mágico, digamos, no?

Adolfo:
​​​​​​​
No, por supuesto que, por supuesto que no, es decir, el pretender que el barroco es eminentemente festivo, eminentemente celebratorio, es, es una afirmación de corte bastante positivista, que, con la que yo no estoy de acuerdo, precisamente, no es cierto?, el, en el barroco existe un tema central, que puede ser el festivo, pero en los términos periféricos, en los términos marginales, en los términos de circunferencia, se manejan los pequeños dramas que van llenando lo que va a ser el, la representación total. En ese sentido, sí, evidentemente La Paz es, a su modo también una ciudad muy trágica.

WB:
Volviendo a la magia.  Tú decías en una entrevista en televisión, que es casi como un deber, creer, esto del poeta.

Adolfo:
​​​​​​​
Del poeta, decía, porque el, el poeta que viene a la ciudad, así como el poeta patagón que se va a Buenos Aires, así como el poeta, no sé, tibetano que de pronto llega, por x o por z, a Calcuta, para construir una, un discurso, que la mismo tiempo sea un acto de comunicación con el resto del entorno, necesariamente tiene que hablar sobre la gran urbe. Es decir, he escuchado a algunos poetas hablar con, con mucha ironía de sus colegas del interior, eh, refiriéndose a que: quién diablos va a entender, va a creer, o va a leer cosas que escriben sobre sus pueblitos, no? Si este, toda ciudad, toda urbe más o menos grande viene a ser una, un centro, un crisol que está, eh, manejando absolutamente todo, entonces lo general vendría a ser cantar a ese todo, a ese todo que viene a ser la urbe. Hablaba de los poetas, pero, solamente.

BW:
También se puede dar algo en la música, qué pasa si todos los grupos del interior que componen canciones para La Paz, Los Kjarkas, “Chuquiago”?

Adolfo:
​​​​​​​
Claro, es que cuando hablo de poetas estoy hablando de poetas de academia, pero también de poetas populares. Los kajrkas, este, los Savia Andina, no sé, etc. De alguna manera vienen nomás también a ser poetas, no? Son poetas populares, se dice.

IE:
perdón si voy otra vez contra el idilio paceño, pero, lo que tú dices acerca de, de, digamos, de quién le va a preguntar a un provinciano por que escribe de su provincia me parece que encaja muy bien con tu caso. Disculpá si me estoy excediendo, digamos, pero, con lo que tú estás haciendo, no? Tú estás escribiendo sobre un lugar pequeño, con poca cantidad de gente, que de alguna manera es también un poco provincia, digamos, no?, es el tercer mundo.

Adolfo:
​​​​​​​
Ajá.

IE:
Entonces, lo que tú acabas de decir, me parece que encaja bien con lo que tú mismo estás haciendo, no?  También te podrían venir a preguntar: Y por qué estás escribiendo para La Paz, cuando tiene poquísima cantidad de gente, poca cantidad de gente que lee.

Adolfo:
​​​​​​​
No seguramente, seguramente todos somos víctimas de ese, de ese prejuicio, no es cierto?, eh, nosotros que nos sentimos este, habitantes de la urbe por excelencia, evidentemente nos vamos a sentir pisoteados probablemente por un bonaerense, un escritor bonaerense que vendrá a decir: Pero viejo, este, Buenos Aires es la tutti. Al mismo tiempo vendrá un británico y le dirá al poeta argentino: y qué te pasa a vos, pobre muchacho. Europa es el gran mundo, y así, no es cierto, pero eso o le quita, digamos, categoría a La Paz como la urbe mayor de esta republiqueta.

IE:
O K. Bueno se me ocurría que tú tenías  justo la respuesta, digamos; porque, bueno, claro, si bien un pueblo es una cosa aislada, o era, digamos, hasta que aparece Rulfo, no? Y de repente ya no es, hay algo ahí, digamos, hay algo en ese rincón...

Adolfo:
​​​​​​​
En realidad, en realidad hay indicadores que, que nos llevan a estos juicios más o menos encontrados, no es cierto? Antes que Rulfo hubo un Faulkner que escribía de la provincia, que escribía de pueblitos muy pequeños sumergidos en la, en el enorme pantano que es el sur de los Estados Unidos, pero, probablemente, la categorización que estos autores le da a su poética o a su narrativa es que hablan como el ser humano como centro de absolutamente todo; es decir, como centro emocional, eh, como centro de discusión ideológica, como centro de discusión filosófica, estética, etc., etc., no? Por ejemplo, hace un ratito nomás estaba viendo, con los alumnos de taller, esta película que se llama “La balada del café triste”, de Carson Mackuller, y, bueno, este, la acción está evidentemente situada en un pueblito, un mísero, pero ahí lo que universaliza, digamos, ese cuento, es la emocionalidad del individuo, el contacto, el nivel de comunicación que maneja con su interlocutor.

SC:
Entonces si hay ese tratamiento en tus obras, tú crees que es también el tratamiento del ser humanos como centro, o no?

Adolfo:
​​​​​​​
No, la verdad es que, este, yo creo que más bien, este, en los personajes que yo estoy manejando, no tienen una psicología demasiado profunda, obedecen exactamente a la tipología del paceño típico. Eh, una de las, de las falencias del barroco precisamente es que por ese, por ese tramo de extensividad, por ese continuo flujo de, de abrazo que tiene, no se ubica en una forma ideológica, en un plano exclusivo. Para concretar, los escritores de La Paz, eh, por ese formato heredado que tienen de, de dominación, eh, no, probablemente no están cavando demasiado profundo. Eh, no, es por eso que la narrativa, paceña en particular y boliviana en general, no tiene arquetipos literarios.

IE:
Bueno, volviendo a lo que decía, esto de la, una ciudad se funda, digamos, históricamente, pero también se funda simbólicamente, no? Fundadores de imaginarios; digamos en literatura, están, obviamente, las figuras de Jaime Saenz o de Bascopé.  Digamos que te alías con lo que ellos han hecho, con ciertas fundaciones, poéticas, digamos?

Adolfo:
​​​​​​​
Sí, sí, este, alguna vez había dicho que, si existía la posibilidad de, de cavar un poco más profundo, ese cavar tenía que, tenía que centrarse en una figura, pudo haber sido Cochabamba, pudo haber sido Santa Cruz, pero por, por x o por z ha sido La Paz. Esa es una forma un poco de, de cerrarse y de profundizar en el conocimiento del espacio que nos ha tocado vivir. Eh, que todavía no hayamos logrado parar un gran estereotipo literario, no lo hemos hecho; algunos dicen que probablemente Felipe Delgado, pero tengo mis serias dudas.

BW:
Si La Paz es un espacio barroco, en principio abigarrado, o sea, pero que a eso sumá esa fuerza, digamos, la posibilidad, la potencialidad de la fusión, para transformar en barroco. Hay elementos diversos que conviven en esta urbe, por qué será que, a pesar de todo lo que hemos venido charlando hasta ahora, pero los más destacados escritores paceños no asumen esa diversidad. Es decir, por qué se cierran en el ámbito de la marginalidad, por qué no explorar esa diversidad presente, digamos, en San Miguel, con otro tipo de ideas, otro tipo de vida, otro tipo de visión de mundo?

Adolfo:
​​​​​​​
La verdad es que, este, parece que la Universidad Católica tuviera la culpa de eso; es decir, la gente del sur tiende a la Universidad católica, que es más o menos periférica, eh, hablando ya en otros niveles de periferia, no es cierto? Y que, un poco logra, eh, absorver el interés de la gente que probablemente podría estar tratando de, de fundar la otra cara de la ciudad, pero que está, por el momento por lo menos, está remitida a trámites mucho más, eh, no sé mucho más eh, utilitarios, digamos, que el tratar de construir un mundo narrativo que pertenezca a esos otros estatutos.

IE:
si te he entendido, esto, o sea, tú dijiste que tenías una intención política y estética. Personalmente, te pregunto si esto de la política es ahondar, es decir, si ante la imposición que, más bien, creo sería lo que campea en San Miguel, ante la imposición, tu ahondamiento, en lo geográficamente, digamos, en lo geográficamente local, sería una cosa política, o me parece, que sería política en ese sentido?

Adolfo:
​​​​​​​
A momento sí, a momentos creo que sí, este, al ser el texto este una, un, una especie de divertimento, digámoslo así, o una, en términos literarios, este, tiene un status, pero ahoritita no me acuerdo el nombre. Eh, el ironizar todo lo que no es genuino en nuestro medio de alguna manera, este, podría llamarse una especie de respuesta política, una, una fundamental acción crítica en contra de la gente que está tratando de convertir La Paz en un Santiago chiquitito. Sin la oferta cultural que podría tener, por ejemplo, Buenos Aires, hablando de urbes latinoamericanas. Eh, hasta donde yo sé, Chile vendría a ser la alienación total. Eh, a diferencia de los argentinos que todavía tienen ciertos atisbos de independencia estética; atisbos nomás, pero.

IE:
Esa sería la dimensión política de tu...

Adolfo:
​​​​​​​
Yo creo que sí.

BW:
Te consideras un escritor excéntrico?

Adolfo:
​​​​​​​
El hecho de ser, eh, un escritor marginal, me hace necesariamente un escritor excéntrico. Eh, marginal, bueno, en el sentido en que todos los escritores de esta, de esta nación, somos marginales de la, de la literatura latinoamericana.

BW:
Hay algún escritor alineado con, con el centro, paceño?

Adolfo:
​​​​​​​
Con, con...

BW:
Es que hablando de esto, de la diversidad que hay en La Paz; ha varios centros. San Miguel es un centro. Eh, La Pérez Velaszco es un centro; de la Garita para arriba es otro centro, el Alto es otro centro, no será más bien que, dado que hay tanto centros, es bien difícil ser alienado, estar alineado con el centro, más bien todos serían excéntricos de algún modo? Porque siempre estás fuera de un centro? No hay un centro bien definido en un orbe tan abigarrado?

Adolfo:
​​​​​​​
Sí. Eh, Y la pregunta era si conocía a algún escritor, este...

BW:
Claro, la pregunta era capciosa en realidad, pero ya que me la has rebatido... Entonces, tú te consideras excéntrico, eh, no será que esa es una característica del escritor paceño, en general; o sea, no puede ser, no puede estar en el centro concéntrico? Tiene que ser excéntrico sí  o sí?

Adolfo:
​​​​​​​
Claro que sí, sí, necesariamente. Un escritor concéntrico vendría a ser un escritor boliviano que está, está jugando sus cosas en, en NY, digamos, que por el momento está considerado el centro de la cultura occidental.

BW:
Como, digamos, Paz Soldán sería un escritor concéntrico?

Adolfo:
​​​​​​​
No creo, este, el hecho de que, de que Paz Soldán trabaje en una, en una universidad norteamericana bastante periférica lo hace también, de alguna manera, un escritor excéntrico.

BW:
Entonces, entre mangueros, entre bomberos no se pisan la manguera...

Adolfo:
​​​​​​​
Entre mangueros no se pisan la bombera...

IJ:
Algo que me llama la atención de la parte de estamos hablando es que la literatura nos presenta una Paz, una La Paz ficcional.  Pero quién sabe si por, un poco por la razón que mencionaste de los miembros del jurado con los que has estado... por la actitud, quizás un poco por eso, eh, ahí hay una gran tendencia, o sea, a considerar esa La Paz ficcional de la literatura como un referente de, de La Paz, de la ciudad.  En ese sentido, mi, o sea, no solamente en, en tu literatura...

Adolfo:
​​​​​​​
No, en absolutamente todo, por ejemplo, eh, el Dublín que se quiere conocer es el Dublín joyceano, no otro Dublín. Eh, la Nueva Orleáns que se quiere conocer es la Nueva Orleáns de Kennedy Tool. Y el que está predispuesto, digamos, a no, a no apoyarse en el discurso literario para, para conocer una ciudad, me parece que la está conociendo de muy mal modo.

Willy:
Entonces, volviendo a lo que dice Canclini, necesariamente uno tiene que conocer la ciudad posible, la ciudad invisible, no la ciudad concreta

Adolfo:
​​​​​​​
Necesariamente. Mirá, la gente de la Uyustus, de todo Miami, debe conocer todo Miami. Pero cómo la gente de la Uyustus conoce Miami, que de por sí ya es un Estado bastante precario, bastante feo, pero ese tipo de conocimiento, evidentemente, afea el entorno ese muchísimo más. En ese sentido, el gringo que viene a tratar de conocer La Paz sin un previo referente de orden literario, en este caso, está malconociendo La Paz, porque seguramente va a ver la entrada del Gran Poder, se va ir a tomar cafecitos a la Sagárnaga, se va a comprar una chuspa en la misma calle y ya. Pero, yo creo que esta ciudad es muchísimo más que eso y, por consiguiente, imposible de poder reducirla a un solo discurso literario. De ahí, por ejemplo, que yo no crea en la Novela de La Paz, la Novela de Dublín, la novela de Nueva York, la Novela de las minas, esas generalizaciones tan chinchosas, no?

S:
Estás hablando sobre crear un imaginario paceño, entonces no has pensado alguna vez publicar en el extranjero para que así se dé a conocer esta ciudad mágica que tú describes?

Adolfo:
​​​​​​​
La verdad es que no se me ha pasado por la cabeza porque es un poco lo que hablábamos hace un rato: somos escritores del margen, entonces, como no tenemos un proceso de marketing organizado, seguramente no nos van a encontrar jamás, y eso también es bastante mágico.

In:
En todo caso, si un extranjero recurriera a un referente literario, si recurre al tuyo y no entiende...

Adolfo:
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Yo me pregunto, por ejemplo, quién ha entendido a Joyce a cabalidad, quién ha visto Dublín como Joyce lo ha visto, es solamente una percepción, no individual, que puede tener a momentos, digamos, el poder de influir en el lector posible, y entonces necesariamente vas a tener que leer una ciudad a través de los ojos del escritor. El que quiere encontrar La Paz en Sáenz, seguramente la va a encontrar, y la va a encontrar al modo saenciano.

Willy:
Hemos hablado de lo mágico, qué hay del otro lado paceño?

Adolfo:
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Tengo un amigo, Reynaldo García, es un abogado que es escritor también, hay gente que dice que es escritor, el tiene un poco la percepción tuya sobre La Paz, es decir, que no me venga el Edgar Arandia, dice él, a contar que La Paz es Bagdad, mentira, eso está seguramente en su precepto, en su cuca, pero de Bagdad o de Calcuta La Paz no tiene absolutamente nada, aunque de Calcuta sí: la 16 de Julio.

Willy:
De alguna manera, hemos hablado sobre cómo aporta La Paz a tu narrativa, pero ahora, ese ser paceño en qué la afecta, en qué la perjudica?

Adolfo:
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El ser paceño, esa pluralidad de personalidades que son parte del ser paceño, hace que, a momentos, el paceño quiera a su ciudad en el tramo solemne, en el tramo cívico, pero no la quiere en el tramo cotidiano, es decir, el paceño es incapaz de mantener una tradición, y desgraciadamente en La Paz hubieron muchas tradiciones, que tendrían que haber sido conservadas, pero que no han sido conservadas, precisamente por esa dinámica política tan jodida en esta ciudad.

Willy:
Porque La Paz, siendo un centro cultural nacional y teniendo tanta diversidad, no ha podido congregar a las distintas escrituras nacionales, porque no hemos podido tener escritores chuquisaqueños, cruceños, tarijeños, cochabambinos, congregados en La Paz, para crear esa multiculturalidad nacional, sacar una literatura nacional y salir del regionalismo literario que envuelve el hablar de literatura paceña, por ejemplo.

Adolfo:
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Precisamente porque los partidos políticos no tienen diseños sobre política cultural, no les interesa. Este país es una especie de basurero, donde hay algunas cosas rescatables, probablemente, todavía, y vienen los pordioseros a sacra todo lo rescatable que hay y el resto lo dejan. Entonces una de las cosas, como dice el Willy, que debería haber mantenido La Paz es esa centralidad en el término de la oferta cultural, pero ahoritita, la única oferta cultural que tiene La Paz son los prostíbulos de la Pérez Velasco...

Willy:
Y las entradas folklóricas...

Adolfo:
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Y las entradas folklóricas. Que en eso tampoco somos paceños, porque la entrada del Gran Poder es una triste parodia de lo que es Oruro

I:
Por qué los prostíbulos son oferta cultural?

Adolfo:
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Paceña. La única oferta cultural que, por momentos, tiene La Paz, a parte cosas bien esporádicas, son los prostíbulos, porque hay por montones, es increíble, hay más que perros.

D:
Me parece que sus cuentos son algo así como lo que dice Luis Carrion: “Sólo sonrío por no llorar”. Cuando uno camina por la calle y se encuentra con un bloqueo, tiene ganas, con toda la rabia encima, de meter bala al bloqueo, porque uno ya está cansado; obviamente no lo he hecho porque soy un cobarde, pero siento las ganas. En sus cuentos, en algún momento, no ha tratado de asesinar, torturar, hacer desaparecer, sea gente, pueblo de esta ciudad, sea un sector, sea escritor, sea un alumno, ya que no lo puede hacer en la realidad?

Adolfo:
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Bueno, sí. Hay, por ejemplo, en “Hoy fricasé hoy”. Luego, me parece que en la novela también hay ciertos asesinatos simbólicos, que de alguna manera podrían responder a lo que tú estás planteando, no? Claro, lo que tú dices va un poco más allá, es decir, es un poco el sentirse impotente frente a toda esa pluralidad que es La Paz. Es decir, si tenemos un grueso núcleo de habitantes de Potosí, por decir algo, que no han constituido acá su terreno de permanencia, entonces muy poco les importa el entorno, no? Llegan, destruyen y se van. Y la ciudad de La Paz está en eternos trámites de reconstrucción; después de cada marcha esta pobre ciudad es una ciudad bombardeada. Entonces sí, eso evidentemente, simplemente como paceño, a momentos me duele, porque reconozco que al grueso de los paceños le interesa un pepino proteger su entorno. El paceño tiene también un medio aire de gitanería, es decir, yo no soy de acá.

I:
Pero el reaccionar así, tomando las armas, con violencia, no es acaso un micro fascismo?

Adolfo:
​​​​​​​
Es, pero de pronto esa es la herencia que nosotros hemos recibido de occidente, no es cierto? De pronto, la pretensión de creer que otro centro es tu centro, hace que esos pequeños centros de la periferia sean despreciados y, por ende, sistemáticamente destruidos. Ahora, yo no hablaría de micro fascismos, en todo caso prefiero el término psicopatías. Tristemente en nuestro medio todavía no tenemos psicópatas que se dediquen a balear a la gente (risas).

I:
Qué opinas de la invasión de guardias privados?

Adolfo:
​​​​​​​
Bueno, en términos generales, me parece un poco el deseo grotesco de convertir esto en un estado policiaco, en una primera instancia. Y en una segunda instancia, hasta donde yo sé, me parece que es el negocio de policía jubilados, o sea, de gente que de alguna manera ha estado ligada a esos organismos de corte marcial.

I:
Si hay algo mágico en La Paz, me parece justamente que es su imprevisibilidad, el grueso de la población es justamente imprevisible. Cuando la ficción nacionalista crea el odio hacia Chile como parte de reforzar el civismo en los niños, de repente que todos se lo creen enserio, y a la hora de que le dicen conviene, no creen, pues, no quieren. Me parecería que justo lo mágico que tiene, es eso, esa imprevisibilidad, hay una parte a la que no llegas.

Adolfo:
​​​​​​​
En eso estoy completamente de acuerdo contigo.

Willy:
Volviendo a la literatura, te animarías a dar unos nombres a manera de elaborar, precariamente, un canon literario paceño?

Adolfo:
​​​​​​​
Un poco, creo que me regiría al canon dictado por la carrera (Literatura)...

Willy:
Tú estás ahí

Adolfo:
​​​​​​​
Sí. En esa misma linealidad, en ese mismo estrato de importancia, no es cierto? Borda, Sáenz, Bascopé...

Willy:
Si eres del canon, ya no eres excéntrico.

Adolfo:
​​​​​​​
No pues, pero este canon es excéntrico también. A ver andá donde un escritor de Chicago y preguntale quién es Saenz. Aunque han venido dos y paradójicamente son de Chicago...

Willy:
Y lo han traducido (a Sáenz)...

Adolfo:
​​​​​​​
Me olvidaba un poco de Marcelo Quiroga Santa Cruz, que me parece que tendría que estar en ese santoral, si vamos a definirlo de alguna manera.

In:
En ese caso, si la Carrera decide un canon, ya no sería periférica, es un centro también.

Adolfo:
​​​​​​​
Sí, pero todo centro irradia un modelo de comportamiento que es repetido en pequeños centritos de la periferia, no es cierto? Entonces, no sé de qué centro estamos hablando, del centro-central, de los centros-periféricos...

Willy:
Tú dijiste que te regirías al canon dictado por la Carrera. La Carrera, literariamente hablando, es un centro...

Adolfo:
​​​​​​​
Es un centro periférico.

Willy:
...porque es la única carrera de Literatura en Bolivia, no hay más, entonces es un centro.

Adolfo:
​​​​​​​
Pero no es la única Carrera de Literatura de Latinoamérica...

Willy:
Estamos hablando de Bolivia y, específicamente, de La Paz...

Adolfo:
​​​​​​​
Ah, estamos hablando de un centro periférico, listo.

Willy:
...y en ese canon que, digamos, elabora la Carrera estás tú, por tanto ya no serías un escritor excéntrico.

Adolfo:
​​​​​​​
No. Es que cuál es el rango de la Carrera de Literatura dentro de esta realidad que es La Paz, es centro o es periferia?

S.
Dentro de la realidad literaria de La Paz o dentro de la realidad concreta?

Adolfo:
​​​​​​​
Dentro de la realidad general de La Paz.

S.
También es periférica, pero si estamos hablando sobre literatura, deja de serlo.

Adolfo:
​​​​​​​
De acuerdo, somos un centro, ya, de la periferia de la periferia...

Willy:
No importa, pero somos un centro.

Adolfo:
​​​​​​​
...ahí sí estoy de acuerdo con ese canon establecido por la Carrera, no en balde los únicos estudiosos de la literatura que hay en el país están acá, entonces es un canon válido.

Willy:
Te consideras dinosaurio o todavía eres lagartija?

Adolfo:
​​​​​​​
La verdad es que soy muy viejo para ser lagartija, pero al mismo tiempo soy lo suficientemente joven todavía para ser dinosaurio, es decir, no estoy oleado y sacramentado. Soy lo que en la jerga socio-política se ha denominado sándwich. Ni dinosaurio ni lagartija, caimán.

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Este texto forma parte del especial Adolfo Cárdenas