BTS y los multiversos de la ola coreana

De una forma u otra, todos han escuchado acerca de ellos. Son BTS, la sensación mundial del k-pop que desde Corea del Sur han conquistado al mundo con su música. Eso incluye a Dayana Martínez que, en este texto, reflexiona sobre “la primera muerte”, una idea que le cala profundo tras escuchar la canción "Black Swan" de BTS.

¿Cuál sería mi primera muerte? Después de escuchar por primera vez "Black Swan" de BTS esa pregunta retumbó en mi cabeza. Me daba cuenta de que no era la primera vez que temía morir por algo que no sea la muerte.

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Los miembros de BTS son tan exitosos que su imagen ya ha trascendido al punto de ser reconocible por siluetas, al menos para los y las fanáticas dentro su ARMY. Ilustración: Pixabay.

“El corazón ya no corre cuando la música suena / Trato de que vuelva a hacerlo / Parece que el tiempo se ha detenido / ¿Será esta mi primera muerte, aquella que siempre he temido?”.

La letra me sorprendió. No había escuchado mucho de BTS y menos del k-pop, pero sus composiciones eran refrescantes, comparadas con las de los nombres famosos que conozco, incluso sin tener interés alguno.

Ahí estaba escuchando cómo BTS, la banda invencible en votaciones, ventas y récords en plataformas musicales, describía en una canción su temor a que la música ya no sea motivo suficiente para vivir. ¿De qué sirve un cantante que no puede cantar? Y no es que hablaban del miedo a reducir sus cifras. Si de algo sabe bien BTS es de récords.

La boyband es uno de los artistas favoritos del Salón de la Fama del Guinness World Records, con 23 hitos hasta el 2021, entre ellos el del video musical más visto en YouTube en solo un día. Su sencillo Butter tuvo la envidiable cifra de 108.200.000 reproducciones en 24 horas.

Los siete integrantes de BTS también están en las redes sociales y hasta tienen cuentas de Instagram con marcas por su cantidad de seguidores, o de Twitter con el récord de más interacciones. Cada vez que se publica algo acerca de ellos es un éxito de lecturas asegurado.

Todo esto es gracias a sus leales fans, conocidas y conocidos como ARMY, que los apoyan en premiaciones, eventos y obras sociales: reparaciones de escuelas, campañas contra el racismo, preservación de bosques. Todo patrocinado con donaciones sin nombres ni apellidos personales, con solo una motivación: BTS.

Las historias de fans que hacen cosas increíbles por conocer a sus artistas son comunes, pero jamás había leído tantos reportajes y repositorios que registraban las movilizaciones de personas de distintas partes del mundo para encarar buenas causas a nombre de un grupo musical.

Entonces, con estas cifras, ¿qué muerte es posible para ellos? Hablaban con honestidad de una muerte peor a perder la fama, premios o fans. Se referían a producir sin sentido, vivir sin hacer lo que más aman, a consumirse en la rutina.

¿Y yo? ¿Acaso ya había muerto? ¿Qué podría significar tanto en mi vida que si no lo hiciera libremente o si no lo sintiera con pasión sería igual a morir?

Recuerdo que hace menos de un año un joven albañil que conocieron mis papás fue diagnosticado con problemas del corazón. Le pusieron un marcapasos contraindicado para su trabajo de toda la vida. Desde su juventud no había aprendido nada más que construir casas y, de pronto, no podía levantar ni un balde con mezcla. ¿Habrá sido esa su primera muerte?

Es esa muerte que no acaba con nuestras vidas, que nos quita lo que más queremos, nuestros sueños, trabajos, amores. Y nos deja ahí, palpitando de pie, sin saber a dónde ir. Despertamos cada día, vamos a clases, al trabajo, comemos, cumplimos con todo. Reímos y dormimos esperando que ese sea el final, pero no lo es.

A veces es cuestión de decisiones: trabajos, ciudades, rutinas que podemos cambiar para volver a encontrar esa felicidad, pero muchas veces son situaciones que no dependen de nosotros o que quizás nos sobrepasan. Y no se trata de sumisión ni de falta de un espíritu revolucionario. Tampoco es una cuestión de debilidad. A veces, las desigualdades se juntan más en unos destinos que en otros y nos llevan a la muerte una y otra vez.

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“Antes de BTS, ningún grupo asiático había estado nominado ni se había presentado en los Grammy.” FOTO: ARMY.

Para BTS quizás el camino es más llano, considerando su posición en el mundo, pero no si pensamos en la xenofobia a la que están expuestos y el nivel de competitividad con el que se han formado. Y es que mientras empiezo a conocer quiénes son estos artistas y por qué son tan famosos, no puedo olvidar que vienen del país con la tasa de suicidios más alta del mundo por la presión social de alcanzar la perfección.

¿Cómo se sobrevive a tantos ataques de odio?

“Kim Namjoon destrona a Henrry Cavill como el hombre más bello del mundo”, es uno de los titulares de farándula que más se compartieron hace varias semanas. La información era falsa, pero se difundió rápidamente en los portales nacionales e internacionales. La cuenta que citaban como fuente desmintió que alguno de ellos hubiese ganado este año o antes, ya que para esta gestión recién habían publicado a sus nominados, pero ningún medio publicó una aclaración. Al contrario, parecía divertirles el odio con el que reaccionaba la gente a la “noticia”. Los memes también se multiplicaron y parecía que varios de mis contactos masculinos comenzaban a considerarse más guapos de lo usual.

Namjoon no tiene cuerpo de superhéroe ni barba tupida. Tampoco ojos azules, ni cejas pobladas. En definitiva, su aspecto es muy distinto al que se ha estandarizado para la belleza hegemónica masculina de este lado del mundo. Lo cierto es que quizás no debería ser nuestra labor medir su belleza; él no es un modelo y no es común encontrarlo en la sección de belleza de las revistas de su país. Lo suyo son las letras.

En mi revisión de quién es RM, el líder de BTS, encuentro que tiene cerca de 200 canciones registradas bajo su nombre. El más joven de su país en tener esa cifra. La escritura, lectura y el arte lo hacen asiduo visitante de librerías y museos.

Gracias a sus letras −en las que participan también otros de los integrantes−, su música, producción y voces, BTS dejó de existir exclusivamente en los rankings coreanos y se posicionó en el selecto grupo de “los número uno” de los Billboard 100. Se coronaron ya seis veces. Además de que en las listas globales de Billboard, excluyendo a Estados Unidos, son los únicos artistas que han ingresado canciones en tres idiomas (coreano, japonés e inglés).

Antes de BTS ningún grupo asiático había estado nominado ni se había presentado en los Grammy. Ellos ya llevan dos nominaciones y dos presentaciones. Lo mismo pasó con los premios MTV VMAs, donde fueron los primeros asiáticos nominados y ganadores a premios. Desde hace unos años incluso se ha incluido una categoría llamada “Mejor K-pop”.

BTS existe como grupo desde hace más de nueve años, pero hace unos pocos que ha logrado crearse campo en los premios internacionales. No porque les falten ventas o reproducciones, sino porque la música coreana −al igual que la música latinoamericana− estaba a la sombra de los artistas angloparlantes. Aún lo está, pero al menos hay algunos cambios.

Antes de BTS, mis playlist musicales tenían un listado limitado de artistas y sonidos, de imagen y colores, de letras y metáforas construidas desde culturas y paradigmas que han dominado una industria musical que no se había diversificado tanto como en los últimos años.

Después de escuchar la discografía de BTS puedo decir con certeza que tienen al menos una canción para todos los gustos. Hip-hop, rap, R&B, dance y pop, entre otros ritmos. El menú es amplio y está siempre abierto. Pero conocer su trabajo y entenderlo no es posible sin que alguien pueda hacer accesible toda esa información. Ese trabajo de romper las barreras idiomáticas lo hacen sus fans. Cuentas en Twitter, Instagram y YouTube se dedican a explicar y traducir todo el contenido de BTS, a través de memes, ediciones, interpretaciones musicales, páginas educativas y más.

Este trabajo, que supera el que hace su empresa, es el que cautiva a fans de distintas lenguas del mundo alrededor de un grupo de siete jóvenes que convirtieron a una firma desconocida y con pocos recursos en una de las más grandes del ámbito musical y portada de la revista Time. Entonces, ¿cómo es posible que una historia así de exitosa no sea suficiente para sentirse vivo?

Los integrantes de BTS retratan en "Black Swan" este dilema al que nos enfrentamos al construir nuestros destinos: ¿la estabilidad, el dinero y la fama son suficientes para ser felices?

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Hoy por hoy, BTS es una boy band que mueve a millones en todo el mundo. FOTO: Pixabay.

No.

¿Tiene sentido vivir sacrificando aquello que nos hace sentir realmente vivos?

No.

En mi caso, mi experiencia más cercana de una primera muerte fue cuando olvidé que cuidar de mí era más importante que avanzar sin descanso. Recuerdo que hace poco estuve en la presentación de La última horquilla, (Darío Torres, 2019) una obra de teatro que relata la vida de una sobreviviente de uno de los derrumbes de la ciudad de La Paz, esos en los que la tierra se ha tragado casas, familias, pasados y destinos.

Cicí, la protagonista, se encuentra con Lelé, una personificación de sus recuerdos, y descifra con ella lo que realmente ocurrió en ese deslizamiento que se llevó su casa y algo más.  En medio del relato también descubrimos que Cicí es fan de BTS, es ARMY.

Como Cicí, cada vez más personajes del cine y el teatro se convierten en fanáticos de BTS y lo hacen canon en sus universos. BTS existe en Marvel, en la −para mí desconocida−− al Fondo Hay Sitio, en el mundo de Cicí…

BTS también existió en la feria de Alasitas de este año, las primeras que se hicieron luego de la pandemia del COVID-19. Estaban en tazas, llaveros, broches, almohadas, posters, alcancías…

Está en los cuartos de las ARMYS, en peluches, en fotografías, en fondos de pantallas, en melodías inconfundibles y coreografías irreplicables para quienes no crecimos con la influencia de TikTok. BTS vive en distintas líneas temporales y estilos de vida porque de lo que hablan en sus canciones es universal.

El grupo está rompiendo los cánones de una industria y obligando a cambiar las reglas de medición de sus récords. Su éxito no es una casualidad y lo que más me asombra es que aún es difícil calcular hasta dónde nos llevará esta ola coreana en la historia de la cultura pop. A esas alturas del impacto, ¿es necesario nadar a contracorriente?

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