La vorágine de lo absurdo: el amor y ‘everything everywhere all at once’

La mayoría de las películas marcan un antes y un después luego de que el espectador deja la butaca para abandonar la sala del cine. Y en este último tiempo ha tomado peso el nombre de “Multiverso”, pero ¿cómo lo llevamos a nuestra realidad?, ¿será solo ficción o podría pasar a un plano tangible? Adrián Nieve nos relata esta historia bajo la perspectiva del dolor y el amor, con unos cuantos spoilers para el filme Everything Everywhere All At Once.

“Es cosa del destino”, dice la Cé maravillada mientras el Jó y yo contemplamos los cartones en sus manos. Son tres entradas de cine que nos costaron a 10 pesos cada una y con las que podremos ver Everything Everywhere All At Once (EEAO) (2022, Daniel Kwan y Daniel Scheinert) en pantalla grande.

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En el filme, Evelyn (Michelle Yeoh) entra en contacto con varias versiones suyas a lo largo del multiverso, así como a veces nosotros mismos somos versiones alternas de quienes fuimos en el pasado.

Como pasa con varias buenas películas, EEAO llegó con tanto retraso a salas bolivianas que, para entonces, yo ya había pasado toda una tarde con mi novia Efe totalmente sorprendidos con el filme. Hace 5 años que la Efe y yo compartimos películas y pocas logran realmente sorprendernos de la manera en que este filme lo hizo. Desde aquel día que en mi cabeza se instauró la larga espera de que EEAO llegara a nuestras pantallas grandes y a todo el mundo le decía “tenemos que ir”.  

Igual fue porque el Jó y yo queríamos robarnos a la Cé por un par de horas. Ella no vive acá, está de visita por unos días y se ha reservado esta noche para nosotros, después de una semana de desencuentros por nuestros trabajos y otros etcéteras.

Pasa que la Cé es una leyenda en esta ciudad. La conoce todo el mundo, la quieren harto también, la recuerdan como un huracán de actitud y magia, vestida de negro, con el pelo rojo y los ojos brillando. En lo que parece otra vida, otro universo, fuimos pareja hasta que me quebrantó el corazón.

La primera vez que vi EEAO, pensé harto en la Cé. Protagonizada por Michelle Yeoh, Stephanie Hsu y Ke Huy Quan, seguimos a Evelyn Wang, una inmigrante china frustrada con su vida que termina enredada en una aventura épica donde debe conectarse con diferentes versiones de sí misma de universos paralelos para detener a Jobu Tupaki, una peligrosa entidad que intenta destruir la existencia. 

Es una comedia de acción que en un minuto puede hacer el más opa de los chistes y al siguiente lanzar una profunda reflexión existencial. Pero nunca se la siente pesada y hasta podría decirse que maneja mejor el concepto de multiverso que Marvel Studios, empresa que hace poco estrenó Doctor Strange and the multiverse of madness (2022, Sam Raimi), un filme con muy poca inventiva si se compara el manejo de la idea de multiverso que tiene EEAO. 

Mientras nos acomodamos en nuestras butacas, la Cé insiste en eso de las bondades del destino. Justo se pospuso tanto nuestro encuentro y el día que lo logramos, justo se aparece un conocido con entradas de cortesía que justo decide entrar a una película diferente y nos las vende a precio regalado. “Es maravilloso”, sentencia ella y nosotros asentimos, contagiados de su entusiasmo con la vida, mirando a las otras 14 personas en la sala, esperando a que empiece el filme. 

Shows como Rick & Morty han profundizado mucho en ideas complejas y normalizado el entender lo que es e implica el concepto de multiverso, pero aun así EEAO sobresale en cómo avanza su historia con ese trasfondo, sin renunciar a también desarrollar ideas muy complejas y poco comerciables de una manera muy sencilla y surreal. Relaciones madre-hija, el amor en el matrimonio, el vacío existencial, la realización personal, la depresión y el suicidio son tratados entre las apariciones de gente con dedos de salchicha, piedras con divertidos ojitos de plástico y la mejor parodia a Ratatouille (2007, Brad Bird) que se ha visto hasta la fecha.

La pequeña audiencia que nos acompaña lo corrobora. Detrás nuestro hay una pareja que, en los 140 minutos que dura EEAO, nunca dejan de reír resoplando o de jadear en las partes más raras; o la familia delante nuestro que se vuelven misteriosamente eficaces en callar al niño de 5 años que los acompaña, para volver a quedarse absortos en la película. Ni hablar de las risas que lanzamos la Cé, el Jó y yo, o la forma en que se humedecen nuestros ojos en ciertas partes clave.

Nada sería que este es un filme que sabe ir a varios ritmos, o que a nivel visual está lleno de acrobacias y loquísimos efectos especiales, sino que hay algo que nos encanta en esa idea de que existen otras versiones de ti, en otros universos, que tomaron las decisiones que tú no.  Versiones que se atrevieron o se acobardaron en esos momentos que para ti lo cambiaron todo. Qué intenso debe ser saber cuál es más feliz, cuál más miserable, pero siempre con la idea de que todas son tú, pero ninguna lo es como tú.

Cuando la Cé me dejó, yo creía que la amaba. Era junio del 2014 y mi idea de hacer duelo fue abandonar la sobriedad en lo que restaba del año, deambulando de madrugada junto a jaurías de perros que me mantenían a salvo de la hipotermia y de los azares de la vida.

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Una de las escenas más fuertes y conmovedoras de la película se desarrolla en completo silencio, con dos rocas quietas, una de las cuales tiene ojos de juguete pegados de manera cómica.

Supongo que en otros universos me fue más fácil superarlo, pero a mí me costó mucho entender por qué se marchaba. Y es triste, pues también evitó que aceptase uno de los más valiosos aprendizajes de mi tiempo con la Cé, la misma lección que la protagonista de EEAO aprende en la película.

Pues, en el corazón de EEAO está Waymond Wang, esposo de la protagonista, un hombre tierno y risueño que cree que su mejor arma contra la vida es la amabilidad. “Cuando elijo ver el lado bueno de las cosas, no estoy siendo ingenuo. Es estratégico y necesario. Es cómo aprendí a sobrevivir a todo”, dice en un momento que visualmente homenajea a In the mood for love (2000, Wong Kar-wai).

La protagonista de EEAO es una mujer frustrada porque las cosas no salieron como esperaba, porque no puede aceptar a su hija e igual no entiende por qué esta la rechaza. Es una persona falible que tiene que enfrentarse a una entidad todopoderosa que busca su propia muerte y, al lograrlo, llevarse con ella a todos los universos.

“Escúchalo, es tu instinto, eres tú. Si vos no escuchas a tu instinto, ¿quién más lo hará?”, me dijo una vez la Cé. Era de noche, estábamos echados, hacía unos días me había mostrado quién es Grimes y Oblivion resonaba en mi cabeza. Me acuerdo porque fue una memoria que quise olvidar mientras deambulaba por las calles en las madrugadas del 2014, pero que acepté cuando aprendí a ver y aceptar el absurdo de las cosas.

La Cé a mi lado mira tranquila la película. La Cé de mi memoria me rompe el corazón, pero con eso me ayuda a aceptar que me lo rompí solito. Que la vida es compleja y absurda, pero eso no importa. Que al final lo que te queda son tus afectos y cómo los honras mientras vives en medio de la vorágine de lo absurdo. EEAO llega a una conclusión parecida, pero por un camino visualmente raro y divertido.

Así que no sé si creo en el destino. Quizás el destino no importa. No sé si la Cé estaría de acuerdo con todo lo que aprendí de mi tiempo con ella, pero al final es lo que entendí de mi experiencia junto a ella. Y estoy seguro que no estaría donde estoy y amaría a quienes amo, si la Cé no me hubiera resquebrajado el corazón y, después, yo no hubiera aprendido a escuchar a mi instinto.

Después del cine nos vamos al bar Mechanical, nuestra parada habitual de antes, y nos quedamos charlando los tres de la vida, de la película, del destino, del optimismo, de la magia de pagar Bs 10 para ver una película genial y tantas cosas más, hasta que llega el momento de irnos y con un fuerte abrazo me despido de la Cé, hasta que nos vuelva a visitar.

Y al día siguiente la vida sigue. Despierto y recuerdo que tengo problemas con mi familia, que tengo que avanzar en mis proyectos, que la vida real nunca para, pero también noto que a mi lado la Efe, mi propio Waymond Wang, despierta y sonríe, aún somnolienta, dueña de esa amabilidad que la hace capaz de creer en lo bueno de las cosas y me ayuda a ver algo más que solo lo malo y lo terrible.

Sonrío, le doy gracias a mi instinto y recuerdo que, en ese que parece otro universo, cuando deambulaba dolorido, no imaginaba que alguien así podía entrar a mi vida. Y solo por eso elijo seguir luchando en la vorágine de lo absurdo, tal como en Everything everywhere all at once.

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